Para China, en efecto, la grandeza de las naciones no es la militar sino la económica, y si el nuevo orden internacional le estorba, podrá cambiarlo cuando alcance la primacía económica sobre otras naciones del mundo. Todavía, para Xi, no ha llegado ese momento que aguarda con su china paciencia (...)China sigue un orden bien diseñado. Primero los mercados, después las leyes. No así para Putin y Trump. Primero destruimos las leyes, después nos apropiamos de lo que estimemos conveniente para hacer a nuestros países grandes otra vez, es la divisa de ambos líderes. De ahí que el mundo, mientras existan Putin y Trump, o en caso de deceso, las oligarquías que los secundan, ha regresado del reino de la legalidad para atravesar un largo periodo de -para decirlo con Karin Entrialgo- "alegalidad" (...)Pero la alegalidad no puede ser ningún orden, podríamos argüir de acuerdo a nuestros moldes occidentales. Para Putin y Trump sin embargo, sí es un orden, aunque no sea legal. Se trata de un orden donde prima la ley natural, y la ley natural, para ambos mandatarios, es la ley del más fuerte.
El profesor Fernando Mires no es miembro de Una Nueva Oportunidad. UNO alienta el debate de ideas pero no se adscribe necesariamente a los contenidos de este artículo.
